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El ángel caído

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En el parque de El Retiro, en Madrid, se encuentra esta estatua dedicada al “ángel caído”. Pocas estatuas hay en el mundo con este motivo. La de Madrid fue creada en 1877 por Ricardo Bellver.
Según la tradición, los ángeles caídos, originariamente buenos, fueron expulsados del cielo cuando comenzaron a cuestionar la autoridad divina y se rebelaron contra Dios. Al mando de estos ángeles estaba Lucifer, tan bello y perfecto, que sucumbió a su propio orgullo.

Las máquinas de la Isla

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Algunas de las creaciones del escritor francés Jules Verne (1828-1905), autor de obras como La vuelta al mundo en ochenta días o Viaje al centro de la tierra, están pobladas de criaturas fantásticas. En ellas se inspiran en “La Isla” de Nantes, ciudad natal de Verne, para construír ingenios mecánicos como este elefante, que camina, barrita y expulsa agua por su enorme trompa.

Visita al cementerio

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Muchas personas sólo entran en los cementerios si las circunstancias se lo exigen. Si eres una de ellas y te gustan el arte y la historia, quizá valga la pena hacer una excepción y entrar en el Cemitério da Consolação de São Paulo.
Es el cementerio en funcionamiento más antiguo de la ciudad. Fue creado a mediados del siglo XIX, cuando comenzó a eliminarse la costumbre de enterrar a los muertos bajo el suelo de las iglesias. En el momento de su construcción se encontraba fuera de la ciudad, pues São Paulo todavía era pequeño y rural, y no la megalópolis que es actualmente.
Al principio, en el cementerio eran sepultadas personas de toda clase y condición, pero en pocos años se convertiría en el lugar de reposo eterno de la élite paulistana.  Aquí se encuentran enterrados personajes importantes de la historia de São Paulo y también de Brasil, que encargaban sus panteones y tumbas a los artistas más renombrados de la época. Las familias adineradas no escatimaban en gastos para ser recordadas con la magnificencia que habían alcanzado en vida.
Pasear por las apretadas calles del Cemitério da Consolação es como hacerlo por un museo. Las obras de arte se suceden una detrás de otra. La variedad de estilos y los diversos orígenes de los enterrados nos recuerdan que estamos en la selva de piedra, ciudad construida por inmigrantes venidos de todos los rincones del mundo.
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Bandeirantes

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En sus inicios, la colonia portuguesa establecida en Brasil se concentraba  principalmente a lo largo de la costa atlántica. Había que tener coraje para adentrarse en el continente, donde una naturaleza poderosa y unos nativos dispuestos a luchar ferozmente para defender su tierra, no facilitaban esas incursiones.
Desde el siglo dieciséis hasta el siglo dieciocho, principalmente desde las ciudades de São Paulo y São Vicente, partían hacia el interior grupos armados de hombres en busca de oro, piedras preciosas e indígenas a quien esclavizar. Estos grupos, formados por blancos, mestizos e indígenas, se agrupaban en torno a una bandera y por eso se les conocía como bandeirantes. Su figura está cargada de polémica. Por un lado son ensalzados por su espíritu aventurero y por haber sido decisivos en la expansión de los límites de Brasil, y por otro son censurados por la brutalidad con la que trataban a los indígenas, arrasando sus poblados y esclavizándolos o matándolos.
Esta estatua los homenajea en la Avenida Paulista, corazón de la selva de piedra.

Catedral da Sé

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Su nombre oficial es el de Catedral Metropolitana de São Paulo, pero la mayoría de los paulistanos se refiere a ella como Catedral da Sé. Su altura, sus bóvedas, sus arcos apuntados y sus vidrieras recuerdan a las catedrales góticas europeas. Al estar construida siglos más tarde que aquellas (comenzó a ser levantada a principios del siglo XX) su estilo se denomina neogótico. Pero la diferencia no está sólo en la época de construcción. Si se observa con atención, es fácil reconocer elementos típicamente brasileños, como capiteles adornados por plantas locales o figuras de animales como el tatu, el sapo boi o el tucán, desconocidos al otro lado del océano.

Sé-5 copySé-3 copySé-4 copyOtra curiosidad de la Catedral de São Paulo es que en su cripta subterránea se encuentra enterrado Tibiriçá, jefe de la tribu de los guaianases. Cuando los jesuitas comenzaron a evangelizar por esta región y fundaron la villa de São Paulo de Piratininga, varias tribus locales habitaban la zona. Tibiriçá, su líder, simpatizaba con los jesuitas y fue el primer jefe indígena en convertirse al cristianismo. Fue él quien decidió donde se levantaría la primera iglesia de la futura selva de piedra. Aquel templo se encontraba en el mismo lugar donde ahora se alza la catedral.

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